La pesquería argentina de merluza negra (Dissostichus eleginoides) se consolida como una de las más selectivas del planeta gracias a un esquema de manejo basado en ciencia aplicada, control estricto y cooperación entre el sector público y privado. Así lo demuestra un reciente estudio del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), que documenta cómo Argentina logró reducir de manera drástica la captura de ejemplares juveniles, garantizando la sostenibilidad del recurso en el Mar Argentino, según informó Revista Puerto.

El trabajo científico, titulado “Towards a more selective Patagonian toothfish fishery: How measures implemented in Argentina reduced the proportion of juveniles in catches”, fue aceptado para su publicación en la revista internacional MAFIS (Marine and Fishery Sciences).
La investigación fue liderada por el director de investigación del INIDEP, Otto Wöhler, junto a la investigadora Patricia Martínez y los científicos Gonzalo Troccoli, Germán Lukaszewicz y Emiliano Di Marco. El estudio analiza la evolución de la pesquería y documenta el proceso mediante el cual se pasó de niveles preocupantes de captura de juveniles a proporciones mínimas compatibles con la salud del stock.

Área de distribución de la merluza negra en el Atlántico Sudoccidental.(fuente: INIDEP)
El desafío de lograr una pesca selectiva
La merluza negra presenta características biológicas que dificultan su manejo. A diferencia de otras especies comerciales, los ejemplares juveniles pueden superar los 80 centímetros de longitud, lo que limita la efectividad de medidas tradicionales de selectividad.
En la mayoría de las pesquerías, la selectividad se mejora aumentando el tamaño de las mallas de las redes de arrastre o el tamaño de los anzuelos en el palangre. Sin embargo, en el caso de la merluza negra, estas modificaciones resultaban poco efectivas e incluso operativamente inviables para la flota.
Esto obligó a los científicos y administradores pesqueros argentinos a buscar soluciones alternativas basadas en el comportamiento y la distribución de la especie.

Fuente: INIDEP/MAFIS
La clave: la profundidad
La respuesta surgió del análisis de la distribución batimétrica de la especie. Los investigadores comprobaron que los ejemplares adultos de merluza negra habitan profundidades que pueden alcanzar los 2.500 metros, mientras que los juveniles se concentran en aguas considerablemente más someras.
En particular, los juveniles predominan en profundidades menores a 800 metros.
Este conocimiento permitió diseñar una estrategia de manejo basada en la protección de los estratos donde se concentran los individuos inmaduros, reduciendo significativamente su captura.
Haga clic sobre la imagen para ampliarla. Fuente: INIDEP/MAFIS
Medidas de manejo que cambiaron la pesquería
A partir de la evidencia científica generada por el INIDEP, la administración pesquera argentina implementó un conjunto de medidas que hoy son consideradas un modelo de gestión.
Entre las principales herramientas aplicadas se destacan:
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Restricciones de profundidad: prohibición de la pesca dirigida en estratos donde predominan los juveniles.
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Creación del Área de Protección de Juveniles de Merluza Negra (APJMN).
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Articulación institucional: establecimiento de la Comisión de Seguimiento de la Pesquería de Merluza Negra (CASPMeN).
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Sistema de control y monitoreo: presencia obligatoria de observadores científicos del INIDEP a bordo y seguimiento exhaustivo de los desembarques.

Fotos Diego Izquierdo/Revista Puerto
Los resultados fueron contundentes. Según el análisis de datos de la pesquería entre 1993 y 2024, luego de la implementación de estas medidas en 2001, la proporción de juveniles en las capturas se redujo significativamente y se mantiene desde entonces por debajo de los umbrales de seguridad biológica definidos por las autoridades con asesoramiento científico.
El papel central de la CASPMeN
Uno de los pilares del éxito del modelo argentino es el funcionamiento de la Comisión de Seguimiento de la Pesquería de Merluza Negra (CASPMeN).
Este organismo reúne a científicos, autoridades pesqueras y representantes de la industria, y actúa como un espacio permanente de evaluación y toma de decisiones.
La participación activa del sector privado en la verificación de capturas, sumada al seguimiento detallado de los desembarques y a la cobertura de observadores científicos en el 100 % de las mareas de la flota dirigida, garantiza un alto nivel de transparencia y disponibilidad de datos en tiempo real.

Distribuciones de frecuencia de tallas de austromerluza patagónica ponderadas por la captura total de la flota de arrastre (A) y la flota de palangre (B). Años 2000 y 2003-2023. La línea vertical indica la talla mínima de captura establecida por normativa en función de la talla de primera madurez sexual de la especie (TL50%: 82 cm).Fuente: INIDEP/MAFIS
Este flujo constante de información permite reaccionar rápidamente ante cualquier señal de alerta biológica.
Un modelo que destaca a nivel internacional
Los resultados obtenidos por Argentina contrastan con la situación de otras pesquerías internacionales de merluza negra.
Uno de los casos más citados es el de las Islas Georgias del Sur, donde la captura se realiza mayoritariamente con palangre, un arte de pesca considerado teóricamente más selectivo que el arrastre. Sin embargo, en esa pesquería se han reportado niveles significativos de captura de juveniles, lo que ha generado preocupación en foros internacionales como la CCRVMA (Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos).

Fuente: merluzanegraargentina.org
El modelo argentino demuestra que una pesquería de arrastre bien administrada, con cierres espaciales y restricciones de profundidad, puede alcanzar niveles de selectividad superiores incluso a los de pesquerías basadas en anzuelo.
De este modo, se cuestiona la idea de que el arte de pesca sea el único factor determinante en la selectividad.
Ciencia y gobernanza para asegurar el futuro
El estudio del INIDEP refuerza la importancia de integrar investigación científica, regulación efectiva y participación del sector productivo para garantizar la sostenibilidad de los recursos marinos.

Fuente: merluzanegraargentina.org
El caso de la merluza negra en el Atlántico Sur, considerada uno de los productos más valiosos de la pesca argentina y conocida como el “oro negro” del mar profundo, demuestra que es posible mantener una pesquería industrial rentable sin comprometer la renovación natural del recurso.
Tal como destaca Revista Puerto, este modelo posiciona a Argentina como un referente internacional en gestión pesquera basada en ciencia.
El artículo completo puede consultarse en MAFIS (Marine and Fishery Sciences) bajo el título “Towards a more selective Patagonian toothfish fishery”, actualmente en prensa.

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