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El fantasma del Pacífico Noroccidental acecha al Atlántico Sudoccidental. Hace décadas, el Mar de Japón albergaba una de las pesquerías de cefalópodos más prolíficas del planeta; hoy, la población del calamar volador japonés (Todarodes pacificus) es una fracción de su abundancia histórica.
Llevada al límite por el aumento de las temperaturas oceánicas y una gobernanza internacional fragmentada, la captura de Japón se desplomó desde su pico de 400.000 toneladas en 1996 hacia un colapso sistémico. Lo que en la década de 1990 era una base sólida de entre 200.000 y 400.000 toneladas métricas (TM) se disolvió a menos de 68.000 toneladas en 2016. Para 2017, la captura nacional alcanzó un mínimo histórico de 47.000 toneladas, y recientemente las capturas regionales en los caladeros históricos principales han rondado unas catastróficas ~13.500 toneladas (un minúsculo 5,4% de su pico). El agotamiento de las poblaciones reproductoras, el calentamiento de las corrientes marinas profundas y la total falta de coordinación internacional vinculante obligaron a Japón a depender de las importaciones extranjeras y a recurrir a la acuicultura artificial experimental.

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La historia se está repitiendo hoy de manera agresiva en el Atlántico Sur. El calamar illex argentino (Illex argentinus) —la segunda pesquería de cefalópodos más grande del mundo— está atrapado exactamente en la misma espiral descendente ecológica y regulatoria. Exhibe los mismos patrones de vulnerabilidad, con capturas históricas altamente volátiles y descensos abruptos en sus rendimientos anuales, exponiendo la fragilidad de un recurso bajo una fuerte presión sin una gobernanza unificada. Sin embargo, una combinación paralizante de estancamientos geopolíticos regionales y una alarmante miopía regulatoria interna a corto plazo está bloqueando la cooperación científica transfronteriza necesaria para salvar la especie.
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Crisis paralelas: La anatomía de un colapso dual
Las vulnerabilidades que vinculan a la fallida pesquería japonesa con el amenazado calamar illex argentino abarcan idénticas debilidades ecológicas y vacíos legales:
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El vacío regulatorio en la alta mar (El punto ciego de gobernanza y refugio de impunidad pesquera): El Illex argentinus es un stock transzonal clásico que migra constantemente a través de la frontera invisible que separa la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de 200 millas náuticas de Argentina de las aguas internacionales no gestionadas. Justo fuera de la frontera marítima, en este punto ciego de gobernanza y refugio de impunidad pesquera, se ancla una enorme armada de poteros extranjeros de pesca a larga distancia. Debido a que el Atlántico Sudoccidental sigue siendo la única zona marina importante del mundo sin una Organización Regional de Ordenación Pesquera (OROP), no existen límites de captura, cuotas ni temporadas internacionales en la alta mar, lo que permite una extracción sin restricciones a cientos de barcos industriales.
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Hipersensibilidad al cambio climático: Ambas especies son organismos «semélparos anuales»: viven exactamente un año, se reproducen una sola vez y mueren. La continuidad de toda la especie depende únicamente de la supervivencia ambiental de los huevos y paralarvas de ese único año. Las olas de calor marinas (OCM) prolongadas e intensas y las erráticas temperaturas de la superficie del mar (TSM) a lo largo de la plataforma patagónica están alterando este ciclo. Los huevos y las larvas de Illex dependen por completo de la temperatura y la velocidad precisas de la corriente de Brasil para derivar hacia sus plataformas de feeding vitales; las corrientes oceánicas cambiantes provocan fallos de reclutamiento impredecibles y catastróficos, reflejando la contracción del hábitat sufrida en el calamar japonés.
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Amenaza de colapso sinérgico del ecosistema: Como especie clave crítica, el Illex argentinus actúa como la base dietética fundamental para peces comercialmente lucrativos —como la merluza común (Merluccius hubbsi)— así como para innumerables mamíferos marinos. La combinación letal de la degradación climática y la explotación pesquera no regulada en alta mar significa que una sola anomalía climática o un período prolongado de mal tiempo podría desencadenar un colapso abrupto y permanente de la población, destruyendo por completo la red alimentaria marina del Atlántico Sudoccidental.

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El estancamiento geopolítico y las infracciones de la CONVEMAR
Si la solución es una OROP, la barrera para crearla es enteramente política. El obstáculo absoluto es la disputa de soberanía no resuelta entre Argentina y el Reino Unido sobre las Islas Malvinas (Falkland Islands). En virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), una OROP debe estar gobernada por los «Estados ribereños». Argentina reclama la soberanía exclusiva sobre las islas y su plataforma continental, por lo que Buenos Aires se niega rotundamente a firmar cualquier tratado que reconozca al Reino Unido o al Gobierno de las Islas Malvinas como un «Estado ribereño» legítimo, ya que implicaría reconocer diplomáticamente la jurisdicción británica. Por el contrario, el Reino Unido gestiona los asuntos exteriores de las islas e insiste en que las Malvinas representan una entidad marítima distinta con su propia ZEE, prometiendo no unirse nunca a una OROP que las excluya o comprometa el derecho de autodeterminación de los isleños.
Este estancamiento diplomático ha paralizado por completo la aplicación de medidas de control marítimo. Aunque los abogados internacionales han planteado la idea de una OROP exclusivamente para la alta mar —una «Organización de Pesca del Atlántico Sudoccidental» (SWAFO)— que eludiría las ZEE nacionales e incluiría una cláusula de salvaguarda de soberanía, ninguno de los dos gobiernos está dispuesto a asumir el riesgo político interno de iniciar negociaciones.
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Foto: gentileza Milko Schvartzman
Este escenario recompensa directamente a las naciones pesqueras de larga distancia. Flotas de cientos de barcos industriales explotan este punto ciego de gobernanza y refugio de impunidad pesquera para operar de forma totalmente descontrolada en la milla 201. Mientras que banderas de diferentes naciones invocan la «libertad de la alta mar» bajo la CONVEMAR para proteger a sus enormes flotas de poteros, su total falta de notificación de capturas al Estado ribereño vecino o de cooperación en la conservación constituye una flagrante violación de sus deberes internacionales de preservación.
Simultáneamente, la presión pesquera en la región se extiende más allá de los poteros debido a una masiva flota de arrastreros de diversos países. Estas de fondo utilizan redes indiscriminadas que capturan grandes volúmenes de calamar y otras especies sin control alguno y deterioran gravemente los ecosistemas bentónicos. Actualmente, estas naciones carecen de incentivos para promover una solución diplomática entre Argentina y el Reino Unido, ya que la creación de una OROP les impondría límites de captura y sanciones, perpetuando un escenario de desregulación que beneficia sus intereses económicos.

Foto: gentileza Prefectura Naval Argentina (PNA)
Esquivando la política: El «Modelo Atunero» y el surgimiento de «Calamasur del Atlántico»
Existen precedentes globales donde los recursos altamente migratorios se regulan con éxito sin activar disputas de soberanía explosivas. Los ejemplos más convalidados se encuentran dentro de las OROP del atún —como la Comisión de Pesca del Pacífico Occidental y Central (WCPFC)— que operan separando la biología del recurso del reconocimiento geopolítico. Para eludir las fricciones territoriales, estos marcos utilizan un «Marco de Entidades Pesqueras», que permite a jurisdicciones no estatales y a economías marítimas distintas participar plenamente en el intercambio de datos y en los límites de captura sin necesidad de que los miembros reconozcan formalmente la condición de Estado o los reclamos territoriales de los demás.
Para romper el estancamiento del Atlántico Sur, considero indispensable reflejar un modelo muy exitoso que opera justo al otro lado del continente: CALAMASUR (Comité para el Manejo Sustentable del Calamar Gigante del Pacífico Sur). En el Pacífico, esta poderosa alianza de la ciencia, la industria y los sectores de procesamiento de Perú, Chile, Ecuador y México colabora con éxito en la gestión y el análisis del stock del calamar gigante, independientemente de las fronteras políticas.

El manejo del atún se encuentra regulado a nivel internacional bajo diversas organizaciones especializadas; dos de ellas ejercen competencias y regulan pesquerías dentro de las jurisdicciones de Argentina, las Islas Malvinas (Falkland Islands) y otros Estados soberanos. (Amplíe la imagen para observar el mapa a escala completa y el detalle de las áreas de regulación).
Sostengo firmemente que la propuesta de establecer un organismo independiente denominado «Calamasur del Atlántico» podría resultar el factor de cambio definitivo para el calamar illex. Al iniciar un organismo especializado y centrado específicamente en la sostenibilidad del recurso, las partes interesadas internacionales podrían eludir por completo la parálisis diplomática estableciendo un marco puramente científico y regulatorio. Permitiría a todos los actores relevantes —ya sea que pesquen bajo banderas asiáticas, arrastren bajo banderas europeas u operen desde zonas vecinas— compartir indicadores biológicos y proponer cuotas estrictamente en la alta mar y a lo largo de las rutas migratorias, de forma totalmente aislada de las disputas políticas subyacentes.
Seguramente Alfonso Miranda Eyzaguirre vea con buenos ojos esta propuesta, ya que gran parte de la flota potera que opera en el Atlántico luego pasa al Pacífico a hacer la temporada del calamar gigante (Dosidicus gigas). De esta forma, el actual CALAMASUR en el Pacífico podría trabajar en estrecha coordinación con el nuevo Calamasur del Atlántico a nivel regional, unificando los criterios de sostenibilidad de ambas cuencas.

La flagrante falta de coordinación científica transfronteriza
A pesar de la existencia de estos marcos funcionales, el Atlántico Sudoccidental permanece en una fragmentación alarmante. Actualmente denunciamos una total falta de coordinación científica o de intercambio de datos sincronizados entre las organizaciones científicas de Argentina, China, España, Corea del Sur, Vanuatu y las Islas Malvinas. La realidad biológica del calamar illex dicta que vive, desova y migra a través de tres jurisdicciones distintas y altamente politizadas:
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Aguas Nacionales Argentinas (ZEE).
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Alta Mar Internacional Adyacente (Milla 201 / El punto ciego de gobernanza).
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La Zona Gestionada y Administrada Autónomamente por el Gobierno de las Islas Malvinas (FIG, por sus siglas en inglés).
Al tratar estas zonas oceánicas interconectadas como silos aislados, las instituciones científicas operan a oscuras. Sin combinar los datos sobre volúmenes de captura, temperaturas del agua y el seguimiento de larvas a lo largo de las tres jurisdicciones, predecir los fallos de reclutamiento o mapear con precisión la salud de la biomasa es científicamente imposible.

Una parte considerable de la flota que opera en el Atlántico Sudoccidental se desplaza de manera estacional hacia el Océano Pacífico, completando dos ciclos anuales dinámicos para garantizar la continuidad en las capturas de calamar. La presente cartografía representa una adaptación técnica de los datos de Global Fishing Watch. (Despliegue o amplíe la imagen para observar la escala de rutas y el detalle de los movimientos de la flota)
Esta peligrosa fragmentación se conecta directamente con lo que he denominado una profunda e injustificable «miopía de las 200 millas» por parte de las autoridades argentinas. Al restringir las evaluaciones de biomasa y los marcos regulatorios exclusivamente a los datos de la ZEE argentina, las autoridades locales ignoran la masiva dinámica extractiva de las flotas multinacionales en la milla 201 y los datos científicos clave del Gobierno de las Islas Malvinas (FIG), que ejerce el 100% del control de sus recursos locales. Aprobar expansiones del esfuerzo pesquero bajo modelos biológicos aislados y omitir la realidad transzonal del calamar delata una falta total de visión holística. Es un error histórico idéntico al que detonó el colapso irreversible en el Mar de Japón, donde las naciones pretendieron gestionar sus fronteras mientras daban la espalda al saqueo industrial no regulado que ocurría justo en su puerta.
Conclusión
Los calamares no saben leer las fronteras marítimas, ni ajustan sus ciclos de vida para dar cabida a las disputas de soberanía. Si Argentina, las diversas naciones pesqueras de larga distancia y las autoridades autónomas de las Islas Malvinas continúan operando de forma aislada —priorizando la explotación interna a corto plazo y el posicionamiento geopolítico por encima de una gestión científica transfronteriza y holística— el Atlántico Sudoccidental sufrirá inexorablemente el mismo destino que el Mar de Japón. El calamar illex seguro no sobrevivirá a una miopía política de 200 millas. El nacimiento de Calamasur del Atlántico, impulsado por la ciencia y el sector privado, ya no es solo una alternativa idealista; es una necesidad biológica urgente.
Comprender la enorme responsabilidad que recae sobre los funcionarios y tomadores de decisiones implica reconocer que la gestión pública enfrenta presiones constantes. Por ello, el propósito fundamental de este análisis no es señalar fallas por el mero hecho de criticar, sino abrir una ventana hacia una nueva perspectiva regulatoria. Esta propuesta busca ser una herramienta superadora que colabore con los gobiernos de la región para resolver de manera integral un desafío ambiental y económico que ya no admite dilaciones.

aloubet@seafood.media
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